Proxy voting: cuando invertir también significa influir

16 de juny de 2026 Lectura: 4 minutos

¿Y si no tuvieras que elegir entre vender o mirar hacia otro lado? ¿Y si existiera una tercera opción: quedarte y cambiar las cosas desde dentro?

Cuando pensamos en invertir, solemos imaginar algo así: compras acciones de una empresa, esperas a que suban y, si algo no te gusta, vendes y te marchas. Como quien cambia de restaurante cuando el servicio deja mucho que desear.

Pero hay una tercera opción que pocas personas conocen. Una que no consiste ni en quedarse en silencio ni en abandonar. Una que supone quedarse y mejorar las cosas desde dentro. En el mundo de la inversión sostenible, a eso se le llama engagement. Y una de sus herramientas más poderosas tiene un nombre que puede sonar algo técnico, pero que, en el fondo, es de lo más humano: el proxy voting, o voto en la junta general de accionistas.

Antes de nada: ¿qué derechos tienes cuando compras una acción?

Cuando te conviertes en accionista de una empresa, no solo compras una parte de ese negocio, sino también algo que con frecuencia se pasa por alto: una serie de derechos políticos, como el derecho a votar en las juntas de accionistas, a presentar propuestas, a pedir explicaciones a la dirección o, a influir en cómo se toman las decisiones.

Una vez al año —a veces más—, las empresas cotizadas celebran una junta general de accionistas. Es el momento en que la dirección rinde cuentas y en que las personas accionistas pueden votar sobre asuntos fundamentales. Por ejemplo: quién forma parte del consejo de administración, cuánto cobran los miembros de la alta dirección, si se aprueba la auditoría, si se acepta o no una propuesta medioambiental de los propios accionistas, etc.

El problema radica en que muchas personas y entidades inversoras —especialmente los fondos de inversión que gestionan miles de posiciones— no pueden asistir físicamente a cada junta. Ahí es donde entra el proxy voting: el mecanismo por el que una persona accionista delega su voto o lo ejerce a distancia. En castellano se conoce como «voto por delegación».

¿Qué tiene que ver todo lo anterior con la sostenibilidad?

Mucho. De hecho, más de lo que parece.

Una gestora de fondos que invierta en cientos de empresas puede, a través del voto en las juntas, enviar señales muy claras sobre qué prácticas considera aceptables y cuáles no. Y no a través de discursos, si no con una herramienta más efectiva: los votos. Es decir, mediante posicionamientos concretos, registrados y comunicados a las propias compañías.

En Caja Ingenieros Gestión existe una política de voto ASG que define con precisión en qué casos se vota en contra de las propuestas de la dirección. Para ello, se aplican unos estándares mínimos de buenas prácticas que se espera que cumplan las empresas en las que se invierten los fondos de los socios y socias.

¿Cuándo se vota en contra?

Algunos ejemplos de la política de votación en Caja Ingenieros Gestión son los siguientes:

  • Si el consejo de administración tiene menos de un 40 % de mujeres y se propone incorporar a un nuevo consejero hombre.
  • Si la retribución variable de los altos directivos no está vinculada a objetivos ASG ni a resultados a largo plazo.
  • Si la misma firma auditora lleva más de diez años auditando a la empresa sin que se plantee un cambio, lo que puede comprometer la independencia del proceso.
  • Si se propone emitir nuevas clases de acciones que diluyan los derechos políticos de las personas accionistas actuales.

Y una cosa más: el voto se comunica

Votar no es suficiente si la empresa no sabe por qué se ha votado en contra de algún punto. Por eso, en Caja Ingenieros Gestión, más allá del resultado del voto, comunicamos a cada empresa los motivos de los posicionamientos en contra. Esto les permite entender qué prácticas generaron una valoración negativa y, en el futuro, corregirlas.

En 2025, la gestora de Caja Ingenieros participó en 180 juntas generales de accionistas y votó en prácticamente el 95 % de las compañías en cartera. De todos los votos emitidos, el 32 % fueron en contra o abstenciones. No por sistema, sino porque algo concreto no cumplía los estándares.

Las categorías en las que Caja Ingenieros Gestión vota en contra con mayor frecuencia son las relacionadas con el consejo de administración, la compensación ejecutiva y la auditoría y finanzas. Tres áreas que, no por casualidad, son las que más inciden en la calidad del gobierno corporativo de una empresa.

En resumen: el proxy voting no busca empresas perfectas, sino mejorarlas

Aquí está la clave de todo esto: el proxy voting no es una herramienta para castigar a las empresas, sino para impulsar cambios reales desde dentro. Muchas veces, las empresas en las que se invierte no son las más brillantes en términos de sostenibilidad, pero tienen potencial de mejora.

En definitiva, el proxy voting nos recuerda que quien invierte no tiene por qué limitarse a observar desde la grada. Puede convertirse en parte activa del cambio.

Por eso, desde el Grupo Caja Ingenieros invitamos a entender la inversión como una decisión financiera y, además, como una forma de influir en el tipo de economía que deseamos construir de manera conjunta como sociedad.