30 de jul. de 2026 Lectura: 5 minutos

Olas de calor, sequías, inundaciones e incendios. Fenómenos que hace unos años eran excepcionales se producen hoy con una frecuencia e intensidad cada vez mayores. El cambio climático no es solo una cuestión medioambiental: también tiene consecuencias directas sobre la economía, la salud, la educación y el bienestar de las personas. Comprender cómo se manifiestan estas consecuencias es el primer paso para gestionarlas con criterio.

El equipo de Research del Grupo Caja Ingenieros ha analizado en profundidad cómo afectan los eventos climáticos extremos a nuestras finanzas y qué cabe esperar en los próximos años.

Europa, una de las regiones más vulnerables

El cambio climático está provocando un aumento de la frecuencia y la intensidad de los eventos climáticos extremos en todo el mundo, pero Europa es una de las regiones más vulnerables. Los datos son elocuentes: el número de días en que la temperatura supera el percentil 90 de su distribución se duplicó entre 1960 y 2017; la frecuencia de los episodios de sequía ha aumentado hasta en un 30 % respecto a la media de los años ochenta; y los incendios forestales se han incrementado hasta en un 150 %.

Las pérdidas económicas derivadas de estos eventos en Europa entre 1980 y 2023 podrían haber alcanzado los 738.000 millones de euros. De esta cifra, un 20 % se habría concentrado únicamente entre 2021 y 2023. El coste humano también ha sido muy elevado: se estima que se perdieron cerca de 250.000 vidas en ese mismo periodo.

Dentro de Europa, España es especialmente vulnerable a las inundaciones y las sequías, por lo que resulta fundamental entender y anticipar estos riesgos.

Un impacto que se transmite por múltiples canales

Los efectos de los eventos climáticos extremos no se limitan a los daños inmediatos. Sus consecuencias se transmiten a través de diversos canales que se refuerzan entre sí:

  • Riesgos físicos: destrucción de infraestructuras, viviendas y empresas, así como daños al capital medioambiental, a la biodiversidad y a los ecosistemas.
  • Impacto en la economía y el empleo: reducción de las horas trabajadas y de la productividad, especialmente en sectores que requieren trabajar en el exterior, como la agricultura, la construcción o el transporte.
  • Impacto social: deterioro de las condiciones de vida y efectos sobre la salud, el bienestar y la educación de las personas.

Es importante tener en cuenta que estos efectos adversos pueden verse parcialmente compensados por transferencias públicas o por la propia capacidad de las economías más desarrolladas para desplegar medidas de apoyo y adaptación. El grado de adaptación de las infraestructuras y el nivel de renta regional son factores clave para entender la magnitud real del impacto.

El coste económico concreto: PIB, precios y educación

Las olas de calor podrían suponer una pérdida de entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales del producto interior bruto (PIB) en las regiones afectadas, según un estudio publicado en la revista Nature que analiza los principales episodios de calor registrados en Europa en lo que va de siglo. Este impacto puede superar 1 punto porcentual e incluso alcanzar los 2 puntos porcentuales del PIB en las regiones más vulnerables.

Gráfico 1. Impacto en el PIB de cuatro episodios de olas de calor en Europa

Fuente: Nature (2021).

Además, estos efectos se acumulan con el tiempo: pueden alcanzar 1,4 puntos porcentuales del PIB cuatro años después de una ola de calor y hasta 2,4 puntos porcentuales después de una sequía prolongada. Para España, las proyecciones son especialmente significativas: el impacto de las olas de calor podría alcanzar 2 puntos porcentuales del PIB en 2040 y 3 puntos porcentuales en 2060.

Más allá del PIB, las olas de calor y las sequías también generan presión inflacionista. Según las estimaciones del Banco Central Europeo, estos fenómenos pueden provocar aumentos de entre 0,4 y 0,9 puntos porcentuales en la inflación de los alimentos, un efecto especialmente regresivo, ya que afecta con mayor intensidad a los hogares con menor renta, que destinan una parte mayor de su presupuesto a la alimentación.

El sistema educativo tampoco escapa a estos efectos: la pérdida de días lectivos por temperaturas extremas y la reducción de la capacidad de aprendizaje en aulas sin una refrigeración adecuada pueden tener consecuencias acumuladas significativas a lo largo de la vida laboral de los estudiantes afectados.

¿Qué podemos esperar en los próximos años?

A corto plazo, las perspectivas apuntan a un nuevo episodio de El Niño a finales de 2026 o durante 2027. Este fenómeno climático cíclico, que suele repetirse en intervalos de entre tres y siete años y se caracteriza por el calentamiento de las aguas del Pacífico, podría provocar un fuerte aumento de las temperaturas globales y situarlas por encima de máximos anteriores, con consecuencias relevantes para los rendimientos agrícolas de grandes productores mundiales y posibles tensiones en el suministro de alimentos y fertilizantes.

A largo plazo, en ausencia de políticas de mitigación, la temperatura terrestre en Europa podría aumentar entre 3,4 °C y 8,5 °C durante el periodo 2071-2100, según la Agencia Europea del Medio Ambiente. El impacto acumulado sobre el PIB del conjunto de Europa podría situarse en el -2,2 % hasta 2050 y en el -6,2 % hasta 2100. Lo que hoy se analiza como un fenómeno coyuntural podría convertirse progresivamente en una característica estructural de nuestras economías.

Ante este escenario, la Comisión Europea estima que las necesidades de inversión en tecnologías de mitigación y adaptación podrían alcanzar los 500.000 millones de euros en la próxima década. La descarbonización y el despliegue de las energías renovables constituyen oportunidades estratégicas clave para hacer frente a estos retos.

En definitiva, los eventos climáticos extremos han dejado de ser una preocupación exclusivamente medioambiental y se han convertido en un factor con implicaciones directas para la economía, las finanzas y el bienestar de las personas. Entender su alcance, anticipar sus efectos y tomar decisiones informadas forman parte, hoy más que nunca, de una gestión financiera y vital responsable.

Desde el Grupo Caja Ingenieros seguiremos compartiendo análisis y perspectivas que ayuden a afrontar con criterio un entorno cada vez más complejo.