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¿Cómo planificar la disposición del ahorro acumulado para la jubilación?

Finanzas

¿Cómo planificar la disposición del ahorro acumulado para la jubilación?

Con la llegada de la jubilación, también llega el momento de planificar cómo debemos disponer del patrimonio que hemos consolidado durante nuestra etapa laboral para complementar la prestación pública.

Una adecuada estrategia de disposición de nuestro patrimonio acumulado como trabajadores en activo debe tener como principal objetivo garantizar que dispongamos de los ingresos anuales deseados a lo largo de toda nuestra etapa como jubilados.

Al diseñar nuestra estrategia de desacumulación del ahorro consolidado, el principal interrogante al que nos enfrentamos es que desconocemos cuántos años viviremos una vez jubilados. El aumento de la longevidad es una gran noticia para nuestra sociedad en la medida que vivimos más tiempo y vivimos mejor. No obstante, a pesar de todos los elementos positivos derivados del aumento de la esperanza de vida, es necesario analizar aquellos aspectos que pueden implicar riesgos para nosotros y, en especial, la financiación de una etapa que cada vez va teniendo una duración mayor.

ahorro acumulado

En el caso de los planes de pensiones, se dispone de un amplio abanico de modalidades de cobro que nos permiten diseñar la estrategia de desacumulación con total flexibilidad para que se adapte a nuestras necesidades reales a lo largo de la etapa como jubilados.

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Las prestaciones en forma de capital consisten en una percepción de pago único de la totalidad del ahorro acumulado para la jubilación. Es obvio pensar que, por lo general, no es la estrategia adecuada si debemos financiar una etapa de larga duración como es la jubilación. Sin embargo, sí puede ser útil en algunos casos para optimizar fiscalmente el producto bajo unas circunstancias concretas o si el plan de pensiones es solo una parte no sustancial de la totalidad de nuestro ahorro para la jubilación.

Las prestaciones en forma de renta consisten en el cobro de varias prestaciones equidistantes a lo largo de un período de tiempo determinado incluyendo, al menos, un pago en cada anualidad. La cuantía de la renta será constante o variable; por ejemplo, se puede establecer una prestación creciente en un 2 % en cada anualidad.

La prestación en forma de renta es la opción que deberíamos escoger por defecto, ya que es la forma de cobro que nos permite complementar adecuadamente la pensión pública de la Seguridad Social y la que, por lo general, nos permitirá lograr una optimización fiscal de nuestro plan de disposición del ahorro para la jubilación. La modalidad de renta podrá ser actuarial o financiera:

  • Las rentas financieras consisten en pagos sucesivos con periodicidad regular hasta el momento en que se extinga el saldo acumulado de nuestro plan de pensiones, por lo que la renta no está asegurada. Mientras haya capital, el beneficiario podrá modificar tanto la cantidad a percibir como su periodicidad. Además, durante el período de cobro de la renta, el saldo vigente en cada momento permanecerá invertido en el plan de pensiones y estará sujeto a las variaciones tanto favorables como desfavorables del mercado y, en caso de defunción, el saldo restante quedará a disposición de los herederos. Por último, en cuanto al riesgo de longevidad, esto es, el riesgo de vivir más tiempo que lo que dura el capital acumulado, queda claro que en este tipo de rentas dicho riesgo lo asume el beneficiario.
  • Las rentas actuariales o aseguradas tienen como principal característica que garantizan el importe de la renta mientras viva el asegurado y durante el período pactado en el contrato, ya sea de forma temporal o vitalicia. Aunque, a priori, para este tipo de rentas, en caso de fallecimiento del asegurado, los herederos no reciben ninguna prestación, existen dos mecanismos que, a cambio de un menor importe de renta, permitirán dar cobertura a nuestros herederos: i) establecer un mecanismo de reversión, que permitirá a nuestros herederos seguir cobrando la renta hasta su defunción; ii) establecer un capital en caso de nuestro fallecimiento, que es lo que se conoce como contraseguro.

Sin embargo, hay casos en los que la prestación en forma de renta o en forma de capital no se adecúa a nuestras necesidades reales. En estos casos, podemos analizar si nuestra estrategia óptima se basa en una combinación de ambas modalidades de cobro, prestaciones mixtas, o es preferible otro tipo de prestaciones en forma de pagos sin periodicidad regular.

Tal y como se ha comentado, la prestación en forma de renta es la opción que deberíamos escoger por defecto, pero ¿en un entorno de bajos tipos de interés es preferible una renta actuarial o una renta financiera?

Por lo general, las entidades aseguradoras determinan el importe de la renta actuarial en función de la estructura de tipo de interés vigente en el momento de la contratación. El importe de la renta se fija al iniciar el cobro de nuestro plan de pensiones para toda la duración del contrato sin posibilidad de revisión en caso de una subida de los tipos de interés de mercado. En un entorno de bajos tipos de interés, no se recomienda cobrar nuestros ahorros acumulados mediante una renta actuarial, ya que el tipo de interés garantizado en la operación será muy inferior a la inflación, por lo que, implícitamente, estaremos perdiendo poder adquisitivo a lo largo de nuestra etapa como jubilados.

En consecuencia, por lo general, se recomienda el cobro en forma de renta financiera. Sin embargo, el cobro mediante rentas financieras puede no asegurarnos la total cobertura del riesgo de longevidad. Debemos tratar de encontrar el punto óptimo de forma que, tal y como indican Galdeano y Herce (2017), no sobrevivamos a nuestros ahorros, lo que sería una mala noticia, y que nuestros ahorros no nos sobrevivan, al menos en demasía, lo que sería ineficiente.

En conclusión, al diseñar nuestra estrategia de cobro de nuestro ahorro para la jubilación, el principal riesgo al que estamos expuestos es el riesgo de longevidad. Además, otro de los aspectos que debemos tener en cuenta es tratar de optimizar fiscalmente el cobro de las prestaciones de planes de pensiones.

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